lunes, 21 de marzo de 2022

Ventura Amoroso, vivía enamorado de todas las mujeres…

(Cuento, Pags. 50, 51 52, 53 Y 54)

Compañía eterna

Ventura Amoroso, vivía enamorado de todas las mujeres y de ninguna en particular. Así, en sus notas íntimas figuraban nombres inacabables de mujeres. Unas con nombres de dos sílabas; otras con cuatro sílabas; y así gradualmente hasta alcanzar nombres de diez sílabas. Como era un hombre sumamente ordenado clasificaba los nombres en orden alfabético, además eran nombres de fácil recordación. Si cometía algún error de ortografía, manchas desagradables de tintas, huellas dactilares, rezagos de grasa, u otro signo de descuido, esa página terminaba en el tacho, hecha añicos. Él se sometía a ese rigor disciplinario, no porque le daba la reverenda gana, sino como lo había manifestado varias veces delante de sus amistades: ¡El nombre de las mujeres debe ser cuidado con el esmero de todo hombre enamorado!

Carátula del libro
"Compañía eterna"

Pero, del dicho al hecho hay mucho trecho, y este adagio no incomodaba a Ventura Amoroso quien más bien recurría a su uso para acomodar y dar veracidad a sus historias que nacían de las páginas fantasiosas que circulaban por su cabeza. Y la gente, a sabiendas que lo que bullía en su cerebro era una retahíla de historias inconsistentes, le dejaba hablar, porque era una manera de ser copartícipes de algo que les era negado y así, al menos a través de otro, disfrutar de la voluptuosidad de tantas mujeres que circulan por doquier. De esta manera, a través del placer de las palabras, se transportaba a los lechos de todas esas mujeres que aparecían en su famoso cuadernillo de notas. Al costado de cada nombre, resaltaba minuciosamente sus cualidades especiales de hacer el amor, de sus perfumes, de sus ropas sedosas, de su hablar misterioso y de otras virtudes inherentes a la femineidad de cada mujer que caía en sus brazos. Y para desenfreno de sus oyentes, les restregaba el cuadernillo íntimo por sus narices, avivando de esa manera sus espíritus y el deseo de que algún día -no muy lejano- ellos también logren ser partícipes de esos placeres vedados. Cada mujer -les decía para soliviantar sus pasiones- que aparece en esas hojas solitarias ha estado en mis brazos una sola vez; repetir el mismo plato es un pecado y yo, como soy un hombre pulcro, mantengo ese principio.

Orgulloso de su soltería, Ventura Amoroso hacía ostentación de sus viajes. Se desaparecía por lo menos una vez por mes y en cada uno de sus viajes dejaba una estela de fragancias, huellas de sus pesadas maletas y del tropel de asistentes que lo acompañaba desordenadamente al Aeropuerto de la ciudad. Todo eso seguido de un largo reguero de inconfundible olor acre que despedían las envidias de los machos despechados, cubiertos -sin que ellos se den cuenta- de un manto denso de sorna que hacía rebullir borborigmos de satisfacción en el estómago de Ventura Amoroso. A medida que se distanciaba, se iba agigantando su lustroso pasaporte diplomático, de cuyas páginas se iban desprendiendo miles de los sellos borrosos de las oficinas de migraciones de los países que él visitaba. Manera indirecta de hacerles saber que tenía que renovar su documento oficial en períodos relativamente cortos.

Tan cegatona es la gente, que cuando se empecina en alcanzar lo que supone que les falta para ser felices, pierden la brújula prontamente y terminan no viendo más allá de un palmo de sus narices. Ventura Amoroso, como era de suponer, había inventado su propia vida y vibraba de gozo al saber que sus propias mentiras, para otros, eran realidades verdaderas. Se reía por dentro, a sabiendas que hasta con sus viajes los tenía embaucados, con el truco del doble engaño: Uno, a los amigos que lo despedían por el frontis y dos, a los que lo recibían por la espalda de su mansión. A los dos bandos, sin excepción, les devolvía los saludos con su mano izquierda -entrenada para estos menesteres- y con una sonrisa sarcástica, distribuida en su cara casi angelical. Sus viajes pomposos consistían en un darle una vuelta a la manzana, al principio de cada mes. Con estos engaños, no le hacía daño a nadie –se justificaba Ventura Añoroso-y que más le daba la felicidad tan ausente en sus amigos.

Dentro de su casa se dedicaba a reinventarse, a escoger nombres nuevos de mujeres y a sustituir los cuadernillos del mes, por otros nuevos. Con la renovación de las mujeres, tampoco se quedaba atrás. Las paredes de su mansión estaban empapeladas con afiches de películas, mujeres de todas las nacionalidades que recortaba de revistas para adultos y fotos ampliadas de las artistas de cine más hermosas. Tan meticuloso era el bendecido hombre, que cada cierto tiempo las iba reemplazando por nuevas y tenía bajo llave los salones donde colgaba su galería de fotos sagradas; sus mujeres eran de él y de nadie más. Y alucinaba que antes de morir tendría que testar, para que cada una de ellas en su ausencia definitiva, no saliera por las calles a mendigar mendrugos de pan podrido para alimentarse.

Hasta hoy, sus amigos no cesan de visitarlo, siguen creyendo en él y esperan que algún día, tarde o temprano, les abra el cofre de las fantasías, y así apropiarse de todo lo que ahí él atesora y formar parte de un círculo íntimo para que él los lleve de la mano al mundo del gozo desenfrenado. Se advierte a las mujeres del orbe imaginario que se pongan a buen recaudo, pues un grupo desenfrenado de hombres frustrados y solterones empedernidos saldrá pronto a las calles, a robarse las fotos de las mujeres más bellas de los estudios fotográficos, magazines, revista de culto a las mujeres y de cuanto haya en las vidrieras de los escaparates que exhiben mujeres al tamaño natural.

Advertidas están, de no intimar con ellos; son seres anormales, de cabeza voluminosa, de ojos libidinosos, caminan con la cabeza gacha, las manos en los bolsillos, fingen llamarse Ventura Amoroso y ahora recurren a las nuevas tecnologías: la cibernética es su nuevo entretenimiento.

Eduardo Borrero Vargas
Antologia del libro “COMPAÑÍA ETERNA”
(Pag. 50, 51 52, 53 Y 54)


domingo, 12 de diciembre de 2021

Los “Cuentos Tallanes” de Víctor Borrero Vargas

Crear historias y contarlas a otros con la elocuencia directa y casi natural, que parecen verdades tomadas de la realidad misma, es todo un oficio que convierte al narrador en un hechicero, en un contador de mentiras, que formalmente por razones de convivencia humana: las mentiras se van transformando en verdades, en el largo camino de la vida.
Esas mentiras que la tribu humana aplaude, que los críticos literarios llaman novelas o cuentos, que pueblan también la imaginación de los pobladores de una región, a lo largo del tiempo se convierten en obras maestras. Historias que le dan brillo a las mediocres vidas de esos hombres y mujeres, cuyas existencias prosaicas muchas veces no son tan importantes.
Los pueblos originarios tienen sus narradores orales, sus contadores de cuentos, que cuando se transforman en comunicadores, y escriben sus verdades en páginas de libros, son muchas veces temidos como “reveseros”, “ardilosos”, “fascineros” y “pendencieros”. Sus enemigos los acusan de “adefesieros”, pero sus lectores anónimos, que los aplauden y los veneran, ensalzan sus historias como verdades notables, y son excelsas “fantasías”, que brotan del espontaneo humano, de la inconformidad social, de la insatisfacción y de la rebeldía personal; de allí nace entonces toda la literatura actual que pregonan los escritores.
Escribir sobre Víctor Borrero Vargas (1943-2008) es para mí un desafío, un hablar de fantasmas, una confesión de piurano “a piuranos”. Como yo, Víctor Borrero nació en Sullana, en el peregrinar de una familia de clase media. Ambos tuvimos que migrar para estudiar y académicamente hablando descubrimos la “historicidad” en un momento de grandes contradicciones sociales que vivió el país, lectores de Jean Paul Sartre, Maurice Merleau-Ponty, y Albert Camus; además de ser admiradores de los narradores argentinos Roberto Arlt, David Viñas y Eduardo Mallea, como más de una vez conversamos.
Su obra narrativa, se desencantó de la narrativa urbana: de la interioridad insular, del movimiento vertiginoso de las idas y vueltas de lo inasible y lo descriptivo. Más bien, su narrativa asume una dialéctica viva entre profundidad y mundo, entre interioridad y exterioridad, en la demostración de la personalidad social y de la psicología de conducta. Interesada más por la semántica y lo freudiano, por los comportamientos y las heridas narcisistas de sus personajes.
Sus cuentos van hacia la síntesis, a los vasos comunicantes de lo inconveniente de las vidas de estos “ex hombres” que pueblan sus narraciones. Es una obra extensa, que sin embargo no ha entusiasmado todavía a los críticos literarios, tal vez por las dificultades para entender el marco social de referencia donde se desenvuelven las ficciones y sus protagonistas: “El alma de Torres” (1987), “Jijuneta y Alma Mía” (1991), “¡Derrama tu sangre, Abraham!” (1994), “Tres mujeres contra el mundo” (1995), “El sueño de Onésimo” (1999), “Happening en la Milla Seis” (1999), “El pecado es un pasatiempo solitario” (2001), “Cabo Blanco” (2001), “Cuentos Tallanes” (2012) y “Nuevos Cuentos Tallanes” (2012). Tiene también “Tangarará” (1993), una pieza de dramaturgia de tres actos, sobre la primera ciudad española en territorios tallanes, en cuyos escenarios desfilan actores históricos: Francisco Pizarro, Diego de Almagro, Fray Vicente Velarde, Hernando de Soto y Nicolás de Rivera, por el bando hispano; y los caciques nativos Lachira, Maixavilca, y Almotaxe, tomados del referente de los cronistas.
Su narrativa adopta lo real: de la estructura gramatical de la oralidad piurana, y la forma significativa onírica de una aproximación a Juan Rulfo: coincidencias que transitan y se bifurcan en sus textos, pues todos sabemos las enormes similitudes de la vida social, el paisaje, las ropas, las costumbres y el habla de los mexicanos con los piuranos. La esfera de las significaciones sociales y culturales de sus “Cuentos Tallanes” tiene también encuentros con la narrativa tarmeña de los cuentos de “Ñahuin”” y “Taita Cristo” de Eleodoro Vargas Vicuña, y del primer narrador Eduardo González Viaña, en los relatos de “Batalla de Felipe en la casa de palomas”.
Sin duda, la obra maestra de Víctor Borrero Vargas es ese puñado de “Cuentos Tallanes”, de magníficos sarcásticos, atroces y soberbias historias de un estilo de inesperada perfección, por la visión del mundo que expone, desde una perspectiva de lo popular, propuesta inteligente con una técnica narrativa lucida, donde el ímpetu de idealismo -del narrador- fluye para fascinar, abrumar y mostrarnos el apogeo y la ruina del mundo rural y modeno de una parte del espacio cultural piurano.
“Conambre” es un espacio mítico, una población desesperada e invisible, un lugar imaginario, tal como “Comala” o “Macondo”, el infierno de una utopía inventada por el narrador omnipresente que narra desde una tercera persona -muchas veces- diversos sucesos, y es también, una voz colectiva, que quiere representar un tiempo retorcido, por momentos onírico e interpretativo, una manera ambigua y tortuosa de presentarnos las acciones de los instintos y las pasiones de sus personajes. En la novela “Jijuneta y Alma Mía”, la urdimbre de las acciones de los personajes, nos muestra la épica y el martirio del pueblo talareño en tiempos de la IPC. con un parabólico mensaje de protesta social.
La grandeza de los “Cuentos Tallanes” es que nos hace sentir un intenso contenido simbólico, un mensaje cifrado e histórico de nuestra piuranidad.  


Artículo de Armando Arteaga

Publicado el domingo 07/11/2021 en 
el Suplemento "Semana", Diario El Tiempo, Piura,
 sobre la narrativa de Víctor Borrero Vargas.

viernes, 6 de agosto de 2021

Designan finalista al narrador Salvador Encalada

Designan finalista en el gran concurso de narrativa “Julio Ramón Ribeyro” organizado por la CASA DEL POETA DEL PERÚ, a través del portal literario La Flor de la Espinela.
Julio César manifiesta que esta nominación es un estímulo para proseguir en este apacible oficio
 

A continuación, presentamos la creatividad lírica de Julio, en sus siguientes poemas… 

PINCELADAS TORTUOSAS DE UN NOSOCOMIO GRIS

Vi salir pasos de un hombre camuflado,
que dijeron ser médico y con los ojos húmedos,
apenas la mujer avanzó a increparle con frase impronunciable,
pero se haló de los cabellos,
como ramas arrancadas por un huracán enfurecido,
y no pudo evitar que otra alma,
ascienda a un cielo ya agotado.

Un fuerte olor a alcohol,
cundía a la vivandera acostumbrada
y alguien expresó:
aquí enfrente: ¡antibióticos, ya no hay!
la que se haló los cabellos, le dijo al sandillero,
¡triste es, no estar allí para despedirse!
mientras imágenes de santos, rodaban por el viento.

Como almas suicidadas lucían las vías,
un bar de enfrente con las puertas clausuradas,
y un afiche rojo,
repleta de sentencias anunciadas.

Cuan desnudo de impotencia te sientes
sin poder evitar que otros lloren,
perdiendo una fe languidecida,
desde la cripta renegada en tus sueños.

Derechos reservados de autoría/ Salvatore Amauta-mayo, 2020 

EVOCACIÓN DE UNA ADOLESCENCIA

Espérame
evocación sin hora fija
en páginas rebeldes,
llena de esos versos sin descanso,
sin lluvia de henchidas gotas,
que platican conmigo, hasta medianoche.

Espérame
destilando de tu fruto inefable,
todo lo prohibido,
manojo de dalias perfumadas.

Espérame
en satélites habitados y distantes,
y aunque luzcas malhumorada,
te hallaré,
en ese Júpiter de caterva misteriosa.

Espérame
una incógnita adolescente eres,
escucha atentamente
que, a tu soberbio semblante,
le tiemblan de nervios sus manos.

Espérame
donde aún no cae la llovizna,
y los zapatos duraznos que te encantan
retumban escalones desastillados,
con el sonido del timbal de sus tacos.       

Espérame
evocación de adolescencia
sin hora fija.

Derechos reservados de autoría/ Salvatore Amauta 

DE AZÚCAR, HOY DRENAN ACIDEZ A MIS VENAS

Caes de Andrómeda,
Ignota como el lunar caprichoso,
que a tus mejillas embellece el espacio perfecto,
y vas incrustando gota a gota,
el azúcar más ácido que el olivar haya producido.

Sinfónica melodía de tus suspiros,
como un pulso vibratorio, enciendes la máquina Pectoral,
ocultándote en mis sueños,
de cafetal mirada,
que sólo desea de tus labios violeta,
un soplo inmortal.

Recógete al paraíso de donde emergiste,
y arranca el ácido azucarado,
del hepático órgano que gustosamente,
lo absorbe.

Has dejado en mi aposento,
un destello de violencia,
y esa paz que en silencio reinaba,
se fragmentó, junto al rostro más latino.

Octubre, 2004
Derechos Reservados de Autoría - Salvatore Amauta


ALIVIÁNAME LA CARNE, QUE DE LOS GUSANOS SON

Dicen ser cinco,
los sentidos adheridos a ti,
pero estar con ella, oliendo a brisa
es ducharte con un sexto,
no lo niego.             

Porque eres imán multiforme,
cubierto de carne de magra apariencia,
duchándote de vibras
tan sofisticadas,
como un panel solar
exento de estrés.

Porque eres imán,
carapacho de tortuga y un hato de carne,
que necesitas sonreírle,
a los sentidos que
alquilan tu alivianado cuerpo.

Manantial célibe
reflejando recónditas melancolías,
contactos tridentes,
hechos agua
carne y tierra,
van redimiendo esa aura vapuleada.

Roca nodriza sumergida
de rato en rato por esta corriente,
roca nodriza
soportándome entre la arena y el solsticio,
absorber la densa nube obscura,
te ordeno.

Frente al apacible silencio
donde los decibeles más urbanos, no alcanzan,
estás tú,
aliviándome la carne, que de los gusanos son.

Déjame confesar a tu verduzco templo
déjame empapar el espíritu,
con tu aroma prismática a brisa ligera
que es sentir,
expandiéndose la vida.
     

Derechos reservados de autoría/ Salvatore Amauta/marzo 2019