lunes, 7 de septiembre de 2020

Poema de la Sra. Gliceria Lupú de Reyes


ADMIRABLE SULLANA
Sullana, frondosa y silenciosa,
florida y llena de fragancia;
cómo pudiera decir al mundo,
tu sin par grandeza,
y ser poeta para dedicarte
versos por cientos cada día.
!Oh¡ que hermosa perla del Chira
Dios tuvo predilección por tu hechura
no cabe duda de que eres entre todas
una de aquellas,
donde él posó sus plantas para embellecerla
Tus paisajes cubiertos
de alfombras de bellísimas flores
perfumados con el aroma de tus pétalos
crean ensueños que dulcifican la vida.
Sullana, eres evocación
para el artista y el visitante
esperanza para tus hijos,
cuna que arrulla la vida
que brindas con tu sin par naturaleza
Sullana, primavera de 1961
Gliceria Lupú de Reyes.
Sra. Gliceria Lupú de Reyes




domingo, 30 de agosto de 2020

Poema de Luis Alberto Botton Arica.

En el aniversario de Sullana
Tropel de voces que, en angustioso anhelo,
viven los humanos de la tierra fértil,
el sabor de la ausencia se vive en cada lumbre,
y en cada pensamiento hay un mañana.
Treintitrés primaveras de flores, que ya han muerto,
se asoman en el vértice de una ansiada esperanza
el niño se transforma esperando la muerte,
y el pueblo se envejece sintiéndose aún niño.
Todos quieren la tierra porque en cada mañana,
los ojos avizoran porvenir de distancias,
y en cada mes de octubre, las notas blancas llevan
a lejanas ciudades, el sudor de los cholos que aquí mueren.
Al morir de las tardes en cada sementera,
la manada silente rumia sus desventuras,
masticando miserias y vistiendo de andrajos,
esperando las noches para llorar como hombres.
Este es el pueblo que tiene caminos de progreso,
que se agita en las urnas ansiando un nuevo rumbo,
hombres que en las miradas aflora una esperanza,
con mejores promesas del ayer que olvidaron.
Y renuevan sus fuerzas abriendo nuevos surcos,
sin saber que en un anhelo cavan su sepultura,
abonando la tierra con sus calcinados huesos,
para dar a la vida nuevos pergaminos.
Más allá de la huerta muriendo lentamente,
la madre se agiganta con sus cinco retoños,
y al despuntar el alba van buscando la ruta,
que en postrer gemido les legara su padre.
El pasado se ha hecho eterno, siempre vive perenne,
esta ola gigante que se llama Sullana,
siempre viven queriendo que la tierra produzca,
aunque el pueblo agonice rumiando sus miserias.

Octubre de 1954
Luis Alberto Botton Arica.
Poesía premiada en los Juegos Florales
organizados por la Sociedad “Entre Nosotras”.

BOTTON ARICA, Luis Alberto
En épocas en que se forjaban los derechos en un ambiente de limitaciones de libertad de prensa surge LUIS ALBERTO BOTTON ARICA, más conocido con el seudónimo de “LABA”. Este sullanero se identifica con las causas justas y solidarias, apoyándose en la escritura echa a mano recursos de vanguardia. Era la época en que Julio Baca desde “El Norte” fustigaba la corrupción y la mala administración...



viernes, 28 de agosto de 2020

Poema de Lauro Martín Arranz

Ofrenda lírica a Sullana

Traed mi lira
que no canta como lira
sí igual guzla del desierto
que fogosa y delicada,
va a entonar hoy, temblorosa
sus vibrantes melodías
a Sullana, la graciosa,
que un poeta de más vuelo
vio vestida de sultana.

A esta dama ribereña
que, ocultando sus rubores,
se ha tendido en blanca hamaca
cobijada por mantones de Manila
que han tejido sutilmente
los añosos algarrobos
de la orilla.

Y se apoya en el ribazo
de la arena deslizante
a escuchar el secreto
de este Chira legendario
codicioso de hermosuras
que seduce y enamora
con dolientes melodías
milenarias, que aprendiera
de haravicos imperiales.

Y al cantarlas
murmurando sus amores,
va tejiendo de esmeraldas los encajes
que ha tenido en la otra banda,
cual si fueran orientales ceñideras
que embelesan y convencen a la bella
a rendirse entre las ondas
de este Chira codicioso
que a otras ninfas de ilusiones
ha arrastrado mansamente
para luego revolcarlas
en turbiones cenagosos
con que rinde vasallaje
a Caribdis, seductora,
que, sin mármoles, oculta
en cavernas submarinas
ya a los héroes, ya a los bravos,
ya a los ruines, que merecen
el eterno vilipendio.

De pronto, presuroso, recoge sus cendales,
saltando de su hamaca con vivida emoción,
dispersa al amorcillo que juega en las arenas
y mira en torno suyo, buscando una ilusión.

Sullana abrió la senda que el cielo le trazara
meciendo al siglo veinte en su auroral fulgor,
y viendo su destino, surgió como una reina
que atisba en el futuro magnífico esplendor.

Sus hijos la aclamaron magnífica y dichosa
y, al verla ya Provincia, con fueros y borlón,
pusieron en sus sienes riquísima diadema
todo oro y esmeraldas, como es su corazón.

Ya es Reina soberana. Las éticas bellezas
que en bronce se tiñeron, luciendo más vigor,
le dieron primacía en noble competencia
y hoy forman ya su corte, vestidas con primor.

Oyó luego altanera del Chira los requiebros,
y viendo los encajes del rico ceñidor,
tendió al río ancho Puente-arpón de sus dominios:
con noble afán de Reina, al valle conquistó.

Y ahora se retrata, mirando su belleza,
en aguas de ancho cauce, que el Puente sojuzgó,
Galana por el valle pasea su silueta,
cantando con sus hijos una égloga de amor.

SULLANA, que has visto nacer a tus hijos
cual ninfa de oasis, que en palmas soñó...
Ya vienen cargados con lauros de triunfo
trayendo al desierto feliz floradón:
canciones, laureles y mirtos,
lamentos, espinas, rosas de pasión,
y ruedas y cascos y brillo de espadas,
rugir de motores y trazos etéreos,
con arpas y liras, te ofrendan, Sullana,
florón de heroísmos que tu ser les dio.

Pisaron el polvo de todas las sendas,
subieron los riscos del Ande en la Sierra
llevando doquiera tu fe y tu ilusión.
Las aves oyeron sus cantos nostálgicos,
y muchos cayeron... sellando sus labios
la Parca traidora, que el hombre y su nombre
de olvido cubrió.

Yo he visto a la luna, vestida de nácar,
corriendo silente la tibia quietud,
traer en su seño collares de perlas,
lágrimas vertidas por tus sullanenses
que llevan tu nombre por todo el Perú.

Yo he visto a esa dama, viajera de plata,
pasar por tus calles, sembrando el amor,
medroso, atisbando por las celosías
por ver como guardas tu gloria y tu honor.

Levanta, SULLANA, tu frente de reina,
que el cielo prepara, flotante, un airón,
brindando a tu sien frisados destellos
de gloria, de triunfo, de paz y de amor.

Lauro Martín Arranz
(Hermano marista, español,
educador en el colegio “Santa Rosa”)


jueves, 27 de agosto de 2020

Poema de Carlos Ojeda Alama.

MI SULLANA

Mi Sullana
eres Perla que me engalana
con tu sol, muy de mañana.
Por eso, el Chira te besa
y te da dulce belleza
Mi Sullana,
quien del puente te contempla,
se admira de tu belleza
y escucha al ruiseñor,
cantarte con gran clamor.
Mi Sullana,
quien te mira y te contempla
de la loma Teodomiro
se queda muy pensativo, que,
Dios haya concebido
tu paisaje sin igual.
Mi Sullana,
quien, de paso por tu plaza,
lo primero que contempla:
la grandeza de tu iglesia,
invocando fe en Dios, más
al volver la vista,
el ruedo de tu plaza
su vista no le alcanza,
contemplar tanta belleza
de la linda sullanense...
Mi Sullana,
quien de paso te contempla,
se queda con las ganas
de volverte a visitar,
con deseos de quedar
porque eres tú, mi Sullana,
la “Perla del río Chira
y el cantar del ruiseñor.

Carlos Ojeda Alama.

 

viernes, 24 de julio de 2020

“El primer vicús”

Prólogo

Como Odiseo, que emprende su regreso a Ítaca, luego de una temporada preso de los placeres que le ofrecía la diosa Calipso, vuelve el personaje de esta novela, Juan Valladolid a su Piura natal, desvistiendo su alma y poniéndose nuevamente sus ropajes ancestrales.

En “El primer vicús” de Gonzalo Higueras, el protagonista, con una vida en Italia fructífera y llena de logros profesionales, ha podido adormecer esa parte del alma, que de pronto nos acecha, y se apodera de nosotros, de forma repentina. Se ha vuelto él mismo un “italiano” y pretende haber adoptado las formas de vestir, de actuar, de hablar, de sentir, de un mundo más “civilizado”. Debe entonces, navegar, Juan Valladolid, como navega Odiseo, por los mares procelosos de su propia búsqueda, que es la de todos los seres, por la develación de su origen. Ese origen social, étnico, nos da respuestas muy profundas acerca de nuestro propio ser, que debe, en primer lugar, decantarse entre todo lo aprendido para manifestarse plenamente. 

“El primer vicús”

Entender lo que sucede en la sociedad donde tuvo sus primeras experiencias de vida, es la tarea excluyente, y a partir de este proceso, el novelista, Gonzalo Higueras, se va convirtiendo en personaje oculto de la narración, desde una perspectiva muy personal. Lo que es, al principio una búsqueda de hechos concretos, se va convirtiendo a lo largo del relato en un descubrimiento personal. El ser social se convierte en un aspecto de nuestra conciencia. Va descubriendo los elementos que servirán para su investigación, a partir de anotaciones rigurosamente organizadas.

Su trabajo, inicialmente científico formal, con una estructura racional, se va transformando poco a poco en una búsqueda espiritual. Descubre que se trata, en el fondo, no solo de entender hechos, sino, antes bien, de entenderse a sí mismo. ¿Quién es él, verdaderamente? ¿De dónde viene? ¿Adónde va? Más allá de su familia, más allá de la iconografía y de las particularidades culturales, subyace la eterna pregunta que se vuelve entonces universal: ¿Quiénes somos verdaderamente?

Es el Perú desde sus inicios, un conjunto de etnias dispares, diferentes, muchas veces contradictorias, con sus propios elementos e iconografía, con sus particulares cosmovisiones. Son etnias como la tallán, la vicús, las que permanecen en medio de otras culturas prehispánicas de gran potencia y presencia, más allá de la civilización inca que fue la dominante en su momento histórico. Por su geografía montañosa, desértica, selvática, esas culturas se fueron desarrollando aisladamente. Es, entonces el Perú, un país aún no amalgamado, con visiones contradictorias, a veces enfrentadas. Una especie de archipiélago cultural, entre montañas, selvas y desiertos. Un archipiélago en proceso de amalgama que no quiere perder su identidad, que quiere rescatar aquella esencia que subyace y se manifiesta de manera subrepticia. El descubrimiento 

Prólogo de la cultura Vicús

Gonzalo Higueras Cortés

Es un trabajo aún pendiente, un mundo al que Gonzalo Higueras nos abre la puerta y nos muestra, para nuestra maravilla y deleite. Nuestro país, hoy, con una cultura, un idioma, una cosmovisión europea dominantes, sin embargo, tiene rasgos que provienen de sus ancestros, que aún se mueven en el ámbito espiritual y que actúan en forma subrepticia. Mil cosas que no entendemos plenamente del comportamiento social, a veces aparentemente irracional de nuestros pueblos provienen de esas antiguas visiones del universo. Esta novela nos muestra las manifestaciones culturales originales de un pueblo que espera agazapado su momento, para dar un salto en nuestra conciencia. Pero nos muestra también el mestizaje y los procesos de sustitución cultural, las asimilaciones y aquellas manifestaciones que permanecen subyacentes. El sincretismo que adaptó la religiosidad predominante, a las manifestaciones ancestrales, que nunca desaparecieron a pesar de los extirpadores de idolatrías. En este contexto, las expresiones rituales demuestran sus hondas raíces en un devenir que tiene una historia milenaria. Ahí, el señor de Ayabaca, con un influjo que trasciende el ámbito local y estatal, y que ha de representar a una peregrinación anterior, perdida en los anales de los tiempos. La cocina, por ejemplo, que tiene una connotación ritual en nuestros pueblos. No solo con la exacerbación del sentido del placer, sino como una forma de honrar al invitado, de hacerle participar de un ágape con los dioses. No solo valen los ingredientes, sino el acto mismo de compartir in illo témpore. El pago a la tierra, tan presente y cotidiano, que forma parte del ritual de los campesinos, al momento de brindar con los presentes. La poesía popular, con un sabio humor, como una forma de afirmación, de mostrar presencia, de manifestar identidad, de decir: aquí estamos, esto somos, a pesar de los siglos de dominación. 

El primer vicús

La alfarería, enraizada en antiguos procesos y técnicas ancestrales, que muestra motivos regionales y, a la vez una creatividad perfectamente contemporánea y personal. La música, generalmente pentafónica, descendiente de expresiones nativas que reinterpretan la naturaleza y la vuelven una expresión de la sensibilidad campesina y popular. Todo esto nos muestra “El primer vicús”, como expresión de una literatura sólidamente regional, que se va tornando universal, mientras se van descubriendo sus hondas raíces en lo humano, en el espíritu y en la trascendencia. Donde lo mitológico se encuentra con lo real y nos da las claves de los mecanismos inconscientes que trascienden a los hombres.

Hacía falta esta novela, en el concierto de nuestra literatura, con una mirada amplia que se va volviendo local y que va recorriendo el camino contrario: desde afuera, hacia sí misma. Una novela de descubrimiento y de auto develamiento. Para lograr su objetivo, debe Juan Valladolid, como Ulises, enfrentarse a sus enemigos externos e internos, mientras lo espera una paciente Penélope al final del camino, tejiendo y destejiendo los hilos de su propia vida, con la oculta consciencia de que vendrá su señor desde lejanas tierras a encontrarla. Abro las puertas con entusiasmo a esta novela en que el autor cierra un círculo, del final de “El último tallán”, hacia el principio de “El primer vicús” son dos novelas, diría yo, si bien independientes, perfectamente complementarias, donde Gonzalo Higueras nos muestra con maestría el camino hacia nuestra identidad.

Lino Bolaños Baldassari